Una llega a ese punto en el que dice que ya nada puede sorprenderle. Pero siempre el destino va un paso por delante de nuestra osada lengua, y nos sorprende. Pueden ser cosas buenas o cosas no tan buenas, claro, no todo son flores. Unos ven la vida como una batalla continua, otros como un paseo de gloria, otros prefieren no verla, y una minoría nos preocupamos demasiado por ella.
Hoy no filosofaré sobre lo que es la vida, cada uno tiene la suya y su manera de vivirla, aunque propongo una terapia para nosotros, pobres estresados de este mundo: daos el gustazo en algún momento de mandar a alguien que se lo merezca a la mierda. El descanso obtenido compensa cualquier daño o perjuicio, os lo prometo.
A quien enviaste cordialmente a la deyección?
ResponderEliminarA nadie...todavía. Qué léxico, oye! Qué finura!
ResponderEliminarQue facundia..
ResponderEliminarQué facundioso...
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