jueves, 27 de octubre de 2011

El juego del espejo

Llega la señora de mediana edad a la oficina. Es de piel atezada, con arrugas en los ojos y en la boca, bajita. De apariencia humilde, pausada, hace cola. Muchos abrigos grandes por delante de ella le tapan el mostrador y se distrae mirando los carteles de las paredes, tanto que cuando llega su turno no se da cuenta.
-Oiga, que no tengo toda la mañana.
Una voz reclama su atención, una cara amarga la recibe. Sonríe disculpándose, baja la mirada y entrega una documentación que rápidamente pasa a ser un número más, un folio en la pila de tareas pendientes. El hombre le da indicaciones de donde se tiene que dirigir ahora, rápido, demasiado rápido para ella. Titubea, duda, vuelve a preguntarle. El hombre se impacienta, se nota en sus resoplidos y en sus palabras cada vez con menos espacios entre sí.
Ella vuelve a sonreír, de nuevo pide perdón y se va.
Él se despide con la indiferencia.
Ella no llegará a su destino porque no le entendió.
A él le dará igual.




Retroceso: juego del espejo.
Sería tan fácil jugar. Dar una sonrisa a quien nos sonríe. Ser amables con quien lo es con nosotros. Tener paciencia con quien la demuestra por nuestra incompetencia. Ponernos en el lugar del otro porque reflejamos sus sentimientos.
Ser un espejo positivo de la sociedad.
Ojalá todos jugásemos a ser espejos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario