jueves, 13 de octubre de 2011

Marcos rotos

Las cosas cambian sin más. No nos percatamos de ese proceso gradual,  hasta que la oruga, ya transformada en mariposa, rompe su crisálida y huye entre nuestros dedos. Las preguntas en forma de decepción y añoranza no tienen respuesta: ha sucedido y no podemos hacer nada.
Por eso, cuando me levanté hoy y no vi en la cocina un café esperándome, reconocí el resto de indicios de que tú ya no estabas. El único sonido era el goteo de los grifos, las sábanas reposaban la calidez de mi cuerpo nada más. Todo estaba en su sitio, pero nada parecía igual.
¿Acaso sentí vacío? No sé...mis ojos recorrían las mismas paredes una y otra vez buscando en ellas tu silueta, pero sólo se encontraban con recuerdos ahora fríos de todo sentimiento. Quise llorar un poco, dejar de ser el hombre que siempre me pedías que fuera y dejar morir la decepción en gotas de agua, pero no fui capaz. Sólo pude sentarme a tomar mi café, hecho por mí, con la dolorosa tristeza que conlleva saber que has perdido algo por el camino y te has dado cuenta tarde.

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