Como la pólvora, esos pensamientos se desencierran de su caja (una caja que no sabíamos que existía), y se propagan en todo momento por la mente. Duermen por el día y despiertan inoportunamente en las horas más soñadoras para destruir el recuerdo a su paso. De repente un dolor. Una imagen. Una duda.
El agua se calma esos segundos de lucidez...y vuelta a empezar.
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