Horas sobre las caderas, sobre el dolor en el corazón. La ansiedad y la pausa son amigas en el cuarto, los lazos rotos rompen la mirada de consuelo. Mil y una, dos mil dos hasta un nuevo capicúa. Te querría hasta que acabasen todos los números de Pi, porque hay cuentos sin final.
Y tristes finales sin cuento.
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