Es terrible el sentimiento de distancia, rareza. Corre con pavor por los mínimos recovecos de la mente, se precipita en aire convulso, arrebata la respiración y cae en chorro de palabras. Cómo ni por qué. Es tan pequeño, tan ínfimo y leve, el murmullo inaudible con el que escupe su presión. Tan imaginario, tan denso. Lo ajeno convertido en intrínseco por aleatoria e irónica diversión del destino.
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