Como en un jardín, como en la soledad más inmensa, se pueden construir muros de altura considerable, y una vez parapetados en nuestro propio laberinto somos libres de decidir cómo vivir; pero en la jungla que nos espera fuera de esa caótica tranquilidad no somos nadie. Millones de nadie pueblan esa jungla en busca de una identidad que los caracterice. Algunas son robadas, usurpadas de manera inconsciente o premeditada, asimiladas por imitación. Otras, a pesar de su originalidad, en el fondo sólo son copias de un collage.
Millones de nadie que simplemente nacen en una idea llamada cuerpo.
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