No sé que dicen las palabras que no dicen las miradas, que no cantan los versos de estas tristes melodías.
No entiendo tus aires desmedidos ni tus grandes vacíos, las mañanas sin pieles y las noches sin desmadres.
Sin culpabilidades, sin vergüenzas, sin perder la lengua en la boca. Desequilibrios huecos en los ventanales de las verdades.
¿Qué realidad absurda inventaremos hoy?
Dicen las ninfas que me devoran, y no mienten porque ahí vienen.
Gritos a distancia, besos sin sustancia. Cuatro nubes solitarias, un acorde en sintonía. Y si ves que llega el día...y el día siempre llega, párate a mirar tus huellas, las pisadas de tu historia, y plantéate si las líneas que percibes son de arena o de carmín, si saben a incienso apagado por la espera.
No hay rima ni hay prosa que le dé sentido a mi mente, al arrebato, al celo. No hay mención posible a las excusas no merecidas.
Por eso callemos ahora que podemos, ahora que estamos a tiempo de arreglar lo que ya dijimos.
Por eso ahora renazcamos, porque para ser ceniza tenemos que haber ardido.
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