Se cansa el delgado impulso de búsqueda de aceptación y muere en cansancio, hastío, rechazo, aislamiento, frialdad y resquemor. Pudre toda palabra amable, la torna pálida y ansiosa, carente de respuesta.
De vez en cuando llega la calma que otorga la costumbre, y es entonces cuando se olvida todo dolor y la cuenta se pone a cero.
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