martes, 13 de diciembre de 2011

No puedes pararlo gritando*

Las noches se hacen eternas bajo las miradas de aquellos que les piden deseos a la luna. Ven caer estrellas y sus propias lágrimas se pierden con ellas. Es soledad o quizás miedo lo que les lleva a quedarse junto a la ventana, pensando que les hace compañía la oscuridad de fuera.
No sé si es un temblor o el roce de una caricia, si es perfecto o molesto. Es un dolor de estómago de risa y de nervios. Te sientes mal, te oprime algo que ignoras donde está. Sonríes porque simplemente se te ha olvidado cómo se hace lo demás.
Son tantas cosas que se quedan siempre sin decir y tantas que deberíamos callarnos.
Me oprime la cabeza porque mientras camino, escribo en pensamiento.
Desquiciante, con la mirada perdida, bipolar.
Un poco de odio, luego tristeza y por último resignación.

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